diciembre 28, 1998

Patch Adams

Publicada en 1998.


¿Es la risa la mejor medicina?


La historia de un hombre que, de estar recluido en una institución mental pasa a ser uno de los mejores estudiantes de medicina y posteriormente doctor fundador del Instituto Gesundheit; "Patch Adams" explora la vida de este peculiar ser humano quien trata de llevar humor y compasión a los pacientes que padecen enfermedades terminales.

Basada en eventos de la vida real, Adams está interno en una clínica de reposo mental por intento de suicidio. Ahí nota con alarma la actitud indiferente y desprendida de los médicos para con los pacientes. Resuelto y encontrando un nuevo motivo para vivir, sale de la clínica y se inscribe en la escuela de medicina. Así de simple.

El filme se las arregla para plantar una serie de obstáculos que "Patch" debe vencer: un implacable y vigilante decano, un envidioso compañero de habitación y una fría estudiante de la que Adams se enamora y eventualmente conquista colocándole una nariz roja de payaso.

Por supuesto, Patch los vencerá a todos y alcanzará sus metas, dejando a sus enemigos en ridículo. Eso es lo de menos. Cómo lo logra y llega a su feliz conclusión, es decepcionantemente predecible y poco profundo. Al principio el tema es tomado con seriedad, pero en la mitad de la cinta, simplemente la historia se desinfla.
 
Es difícil no ser cínico sobre una película que manipula a su audiencia con el tacto de un elefante caminando. La vida de Adams ha sido adornada con la clásica y gastada fórmula hollywoodense que contiene grandes dosis de humor, lágrimas y típicas escenas que buscan conmover al público. Tom Shadyac, el director, supo calcular dónde insertar el melodrama, e intensificarlo con la música apropiada, la iluminación y otros efectos de tono sentimental para crear emoción.
 
Robin Williams convence 100% con su interpretación. Pero ¿cúantas veces más lo vamos a ver en el mismo papel?
 
El verdadero valor de esta película está en el tema que trata: la desmoralizante experiencia que viven los pacientes de hospitales, lanzados a un sistema que los identifica por las enfermedades que padecen en vez de sus nombres. He ahí algo para meditar.

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