mayo 11, 1999

Magnolia

Publicada en 1999.
 
Pétalos sedientos de cariño

 

El amor no siempre es fácil de encontrar. Para llegar a él, de vez en cuando es necesario perdonar; en ocasiones hay que tragarse el orgullo; a veces sólo se requiere reconocerlo; otras, es necesario aprender a amarte antes de poder amar a los demás. A veces, sólo basta con decir la verdad.

Pero existen momentos extremos, como presenciar un acto decabellado de la naturaleza, para finalmente recibir un poco de amor. El director y guionista P.T. Anderson explora estas posibilidades en su más reciente obra titulada Magnolia.

Magnolia es...larga y grandilocuente. Es un mosaico que examina las historias compartidas de cuatro familias que habitan en el valle de San Fernando. Maridos y esposas, amantes y amigos, padres e hijos, almas gemelas de varias generaciones que orbitarán unos alrededor de otros durante 24 horas de reflexiones, revelaciones y recriminaciones.

Sus personajes incluyen a dos ancianos, ambos muriendo de cáncer, ambos tratando de reconciliarse con sus hijos, una drogadicta solitaria y un gurú motivacional ególatra. Están también las alienadas esposas de los desahuciados, tratando de lidiar con los problemas que enfrentan sus maridos. Otra dupla padre-hijo la conforman un niño genio en busca de tolerancia y su padre explotador; también está el adulto perdido, aislado del mundo y miserable. Finalmente, encontramos 2 personajes que permanentemente se proponen establecer algún tipo de contacto humano: un policía amable y torpe que se enamora a primera vista y un enfermero compasivo que busca complacer el último deseo de su paciente.

Anderson continúa siendo un cineasta oscuro, forjando su exploración del amor a través de personajes desagradables y autodestructivos. La sola cosa que estos seres tienen en común es la única que necesitan con desesperación.

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