marzo 12, 2009

Doubt - La Duda

Doubt can be a bond as powerful and sustaining as certainty. When you are lost, you are not alone

La fe, la moralidad y la convicción son algunos de los temas que toca la pelicula de John Patrick Shanley, La Duda.

Corre el año de 1964 y en la escuela St. Nicholas, el padre Flynn (Philip Seymour Hoffman) trata de modernizar las costumbres estrictas del colegio, que han sido preservadas con fiereza por la hermana Aloysius Beauvier (Meryl Streep). Pero cuando la ingenua hermana James (Amy Adams) confía en Aloysius sus sospechas de que el padre Flynn es particularmente especial con el joven Donald Muller (el primer alumno negro que la escuela ha aceptado), Aloysius se embarca en una cruzada personal para descubrir la verdad y expulsar al padre Flynn del colegio.

Fuerte y reflexiva, La Duda nos lleva por los caminos de la incertidumbre mientras sus protagonistas nos muestran las múltiples caras de la moneda. La manipuladora hermana Aloysius, que ejerce su poder a través de un reinado del terror, sólo busca defender sus creencias, extremistas como son, y mantener el buen nombre de su colegio en alto; el popular padre Flynn, más laxo en el cumplimiento de normas, también utiliza su poder de seducción para manipular y salir triunfante de las acusaciones. Y finalmente la hermana James, que podemos tildar de inocente, está clara en sus convicciones y en defender la justicia y el bien. La trama se despliega lentamente dando pie a confusión y dudas.

El éxito de La Duda recae en su guión y en las actuaciones de sus protagonistas, una brutalmente mejor que la otra. La Streep es un monstruo y en particular sus escenas con Seymour Hoffman me dejaron sin palabras. Viola Davis, quien sale brevemente, es especialmente conmovedora en la escena más dramática de todo el film.

La tensión crece y crece mientras se pavimenta el camino hacia un desenlace inconcluso. Shanley deja la última palabra al espectador. Porque no se trata de decidir quién es bueno o malo, culpable o inocente. Se trata de cuestionar nuestros juicios y no ser absolutos. Se trata de no ver sólo en blanco y negro y contemplar la idea de que la vida está llena de grises.