junio 11, 2010

A Serious Man - Un Hombre Serio

Un hombre serio está a punto de recibir la lección de su vida. Su nombre es Larry Gopnik (Michael Stuhlbarg).

Larry es un judío tradicional de mediana edad, casado, con dos hijos, profesor universitario y su estilo de vida no podría ser más convencional. Hasta que como una avalancha varios acontecimientos atentarán con descomponer su insignificante existencia.

Uno de sus estudiantes lo chantajea para aprobar los exámenes, su solicitud para ser profesor titular se ve en peligro por una serie de cartas amenazadoras, su problemático hermano se ha mudado a casa, su hija le roba dinero, su hijo menor es perseguido por el bravucón del vecindario y para poner la guinda en la torta, su esposa quiere el divorcio.

Acorralado, Larry explora soluciones, busca respuestas, busca consejos; ¡el pobre busca hasta distracciones! Pero no obtiene ni consuelo ni desahogo. Ni siquiera cuando se apoya en su religión, los rabinos que lo atienden sólo siembran más dudas y confusión.

El caos y la incertidumbre juegan un rol predominante en esta cinta de Joel y Ethan Coen: Mientras un desesperado Larry se pasea por los escenarios más disparatados y surrealistas, los Coen hilan una reflexión sobre la importancia de tener la perspectiva suficiente para entender la presencia e influencia del caos en nuestra existencia y por ende, en nuestra felicidad. No se trata de dictar cátedra sobre las respuestas de la vida, de explicar por qué las cosas malas le suceden a personas buenas, es simplemente un ejemplo sobre los altos y bajos de la vida de un sujeto ordinario.

La fotografía impecable de Roger Deakins nos sumerge en el suburbio sesentoso que los Coen seleccionaron como hogar de Larry, quizás un discreto homenaje al mismo tipo de vecindario que los vio crecer. Con el humor negro característico de estos hermanos, una sombria sensación de condena nos embarga mientras vemos a Larry sortear obstáculos uno tras otro, pero en el último minuto hasta la madre naturaleza parece recordarnos que sin importar cuán trágicas parezcan, las cosas siempre pueden empeorar.

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