septiembre 25, 2010

Inception - El Origen



Después de darle muchas vueltas al asunto, decidí escribir sobre Inception. Esta vez se me hizo más complicada la cosa, porque no es tan fácil hablar de un largometraje que ha sido analizado y revisado por millones de personas. Así que ahí voy…

Empezaré por algo sencillo. Una persona: Christopher Nolan. El director que no se parece a ningún otro. El que reinventó Batman. En menos de una década y sólo con 6 películas en su haber, Nolan se ha convertido en uno de mis cineastas favoritos; es un hombre que cuenta historias interesantes, que te hacen ir un poco más allá de lo obvio y lo complaciente. Es también alguien con un gusto y estilo visual muy singular, muy “cool” como decimos a veces y esa combinación lo convierte en un artista muy atractivo, al menos para mí.

En los trabajos pasados de Nolan, he visto una cierta fascinación por las historias complejas y enrevesadas, por las obsesiones humanas y el engaño. No es fanático de la narración lineal, si acaso lo contrario, y creo que parte de ese encanto proviene del hecho que le gusta jugar con nuestras mentes, ponernos a prueba, confundirnos, deslumbrarnos y vaya usted a saber qué más.

Con esta película estamos en presencia del máximo juego de confusión que Nolan pudo haber concebido: la realidad versus los sueños, lo que es verdadero y lo que no es.

El mundo de Inception existe bajo la premisa de que una persona puede invadir o manipular los sueños de otras para tratar de sacarle información. Algo así como un espionaje industrial surrealista. Es una práctica tan común que existen profesionales que se encargan de entrenarte sobre cómo no permitir que te extraigan información cuando estás dormido. Dom Cobb (DiCaprio) es el ladrón de secretos más experto de la liga, y cuando Saito (Ken Watanabe) le ofrece un trabajo que va más allá de la extracción de ideas estándar, el resto de su equipo duda si será posible ejectutarlo: no se trata de robar una idea sino de implantar otra en el subconsciente de un poderoso heredero llamado Robert Fischer (Cillian Murphy) para que destruya el imperio de su padre sin que se dé cuenta que la idea no fue suya.

A partir de aquí comienza la diversión para Nolan, quien se encarga de introducirnos a los personajes en medio de elaboradas secuencias de acción y diálogos sofisticados, mientras Ariadne (Ellen Page), la diseñadora de los sueños y sus diferentes niveles, recibe su entrenamiento. Con ella aprendemos que mientras más nos adentremos al subconsciente, más difícil es regresar a la realidad, que los sueños pueden cambiar, ser controlados y transitados sin que la víctima se percate, pero también pueden ser frágiles, y el más mínimo error o detalle pueden definir la continuidad del sueño o su colapso total.

En total, son cuatro niveles de sueños que visitamos una vez que se inicia la implantación de Fischer. Es un poco complicado y difícil de seguir, porque los detalles se pueden escapar con facilidad mientras observamos los intrincados escenarios que Nolan ha diseñado para distraernos.

Decir que Inception es una película ambiciosa es quedarme corta al tratar de describirla. A ratos pareciera que Nolan quiere hacernos caer en una trampa más con su elocuencia psicológica, otras nos quiere maravillar con sus extenuantes y calculadas escenas de acción y efectos especiales. Es frustrante, es emocionante, es elegante y tiene escenas que ya son icónicas. La única cosa que me desagradó fue el poco desarrollo de los personajes secundarios. De las actuaciones no tengo ninguna crítica (mis favoritos, Marion Cotillard como Mal y Tom Hardy como Eames). La fotografía de Wallly Pfister es nuevamente magnífica. Si bien el final es ambiguo y eso puede desagradar o desconcertar a muchos, creo que la clave está en asimilar que no se trata de definir qué es realidad o fantasía. Siempre será una realidad lo que consideres más importante. Y al aceptar esta idea, caemos todos dentro del juego que el mismísimo Nolan diseñó para nosotros.

septiembre 10, 2010

El Secreto de sus Ojos


La obsesión de un hombre aferrado a un recuerdo desencadena un viaje entre el pasado y presente en la cinta ganadora del Oscar a la Mejor Película del 2010, El Secreto de sus Ojos.
 
Una mujer es brutalmente asesinada y cuando las fuerzas policiales desdeñan el caso como un simple asalto, el asistente de la Fiscalía Benjamín Espósito  (Ricardo Darín) continúa su búsqueda de la verdad, apoyado por la nueva juez de su departamento, Irene Menéndez (Soledad Villamil), su mejor amigo Pablo Sandoval (Guillermo Francella) y el desolado esposo de la víctima, Ricardo Morales (Pablo Rago).

Durante 25 años, el caso ha atormentado a Benjamín. Su ofuscación lo lleva a revivir el misterio que marcó su vida sin pensar en las consecuencias de esta decisión. Y no pasa mucho tiempo hasta que las viejas heridas se abren, los arrepentimientos lo atormentan y un amor del pasado le recuerda amargamente la posibilidad de una vida que no fue.

La pasión, el amor, la culpa y la venganza toman la palabra en este dramático suspenso donde el director Juan José Campanella articula con maestría la historia de unos personajes bien desarrollados que nos enganchan con sus emociones tácitas, con las verdades a medio decir. Ricardo Darín es especialmente convincente como el hombre afligido cuya obsesión lo lleva más allá de la línea del deber, una mezcla sutil de melancolía y heroísmo que lo hizo irresistible para mí. Pero para ser justa, el reparto entero ofrece actuaciones de primera clase.

Entre las reminiscencias del pasado y las acciones del presente, somos testigos de los eventos que persiguen a Benjamín, de su necesidad de redención, de sus remordimientos. Ningún secreto quedará sin descubrir si prestamos atención a lo que las miradas de nuestros protagonistas gritan a todo pulmón. Magnífica película.

septiembre 03, 2010

Corazones Ardientes - The Burning Plain


Un tráiler en llamas sobre una planicie desolada inicia una tortuosa travesía emocional en la cinta de Guillermo Arriaga, Corazones Ardientes.

A través de su característica narrativa fracturada, el director y escritor de películas como Amores Perros y 21 Gramos nos invita a explorar las vidas de unos personajes separados por el tiempo y las circunstancias: Sylvia (Charlize Theron), una mujer que lucha con sus demonios internos, Gina (Kim Basinger) y Nick (Joaquim de Almeida), una pareja que debe lidiar con las consecuencias de su romance prohibido y Mariana (Jennifer Lawrence) y Santiago (Danny Pino), dos adolescentes tratando de reconstruir sus vidas luego de una tragedia.

Contar mucho de la trama estropearía la experiencia. El guión escrito por el mismo Arriaga nos presenta una historia un tanto intrincada pero a la que si le prestamos la suficiente atención, podremos resolver sin inconvenientes.

Las piezas que componen Corazones Ardientes forman un rompecabezas que poco a poco va tomando forma, develando sus misterios. La culpa, la redención, el amor y las relaciones entre padres e hijos son los temas protagonistas de este drama en el que Arriaga saca provecho del talento de su reparto: Theron es desgarradora, Basinger es vulnerable y atormentada; Lawrence es una revelación. Los caballeros también se lucen, aunque con papeles menos impactantes.

Entre los desérticos paisajes de México y las impersonales ciudades de Estados Unidos, estos seres nos mostrarán las cicatrices y los miedos paralizantes que los traumas producen y como la sanación, aunque esquiva, está latente en los lugares menos inesperados.

septiembre 01, 2010

Cartas a Julieta - Letters to Juliet


En la onda del cine romanticón y light que a veces no cae mal, fui a ver Cartas a Julieta. Con sólo ver los primeros minutos, comprendí que estaba en presencia de esas películas donde uno sabe lo que va a suceder, donde los personajes son arquetipos diseñados para provocarte respuestas emocionales específicas, donde la música y la fotografía son elementos clave para conectarte con una historia que aunque hemos visto cientos de veces, te reconforta como si fuera la primera vez que la ves. Una fórmula comercial tradicional sin ningún valor más allá del entretenimiento masivo.

La película se centra en Sophie (Amanda Seyfried), una aspirante a escritora sin valor suficiente para pedirle a su jefe que la deje escribir en la revista y en la semana previa a su boda, decide visitar Verona con su prometido Víctor (Gael García Bernal), un chef cuyo primer amor es la cocina y su restaurant. Abandonada en la romántica ciudad italiana, Sophie visita la casa de la supuesta Julieta de Shakespeare, un lugar donde cientos de mujeres dejan a diario cartas a la heroína romántica solicitándole su consejo.

Sophie descubre una misiva que tiene 50 años esperando por la respuesta de Julieta. Su remitente es Claire, una británica enamorada de un italiano llamado Lorenzo al que abandonó sin ninguna explicación. Sophie decide responderle y la sorpresa es grande cuando Claire (Vanessa Redgrave) y su nieto Charlie (Christopher Egan) llegan a Verona en busca de ese amor que se perdió en el tiempo.

A partir de ahí se inicia un recorrido por los idílicos parajes de Toscana, mientras Claire busca a su Lorenzo y Sophie evalúa su propia situación amorosa. Situaciones graciosas  abundan, y una vez más somos testigos que cuando se trata de romance, los italianos  llevan la batuta. Sorpresivamente, el encanto de la película proviene más de la resolución del romance de Claire y Lorenzo (Franco Nero) que de la historia de Sophie. ¿Por qué? Sin duda por Vanessa Redgrave, una señora actriz que hasta en el papel más simplón te engancha, te conmueve y te desmorona. Una mirada suya transmite más emoción que todos los pestañeos de nuestra joven protagonista. Quisiera algún día Amanda Seyfried tener un cuarto del talento de esta legendaria actriz.