junio 21, 2010

Toy Story 3

Hace 15 años se inició una transformación en el mundo de la animación cinematográfica cuando un pequeño estudio llamado Pixar conquistó nuestra atención con una cinta llamada Toy Story.

En el año 2000 y contra todo pronóstico de que nunca segundas partes fueron buenas, Pixar se anotó otro éxito rotundo con Toy Story 2. Fueron sus personajes, sus historias bien narradas, más que su avanzada tecnología, lo que catapultó estas películas a un lugar especial en el corazón del público.

Y ahora para cerrar con broche de oro, Pixar nos regala otra joya cinematográfica en Toy Story 3.

El tiempo no sólo pasó para nosotros, sino también para nuestros adorados juguetes. Desterrados a un baúl, el clan de Woody y Buzz parece haber sido olvidado por su dueño Andy, quien está a punto de irse a la Universidad. Confrontados ante el dilema de ser enviados al ático o donados a la guardería Sunnyside, todos salvo el leal Woody parecen resignados a una existencia en el exilio. Y cuando por una equivocación toda la pandilla termina en Sunnyside, pareciera –por un breve período- que nuestros amigos han encontrado un paraíso utópico donde su razón de ser no tiene fecha de expiración.
                                                                                                                                                                                                                 
Crecer, madurar, decir adiós y seguir adelante son algunas de las lecciones que aprendemos en Toy Story 3. La historia se las arregla para mostrarnos los cambios vividos por los juguetes, sus razonamientos, sus sentimientos y motivaciones. Los guionistas nos llevan de la mano combinando drama, aventuras, suspenso y comedia mientras el tercer acto alcanza su cúspide emocional y un cierre conmovedor, agridulce y nostálgico se apodera de los sentidos, llevándonos a ese recuerdo oculto en nuestras memorias que nos hace revivir la niñez y agradecer a estos fieles amigos por habernos dado lo mejor de sí mismos, por tantos buenos momentos. 

Gracias Pixar por este regalo, la mejor película –hasta los momentos- de lo que va del año 2010. Mientras siempre exista alguien dispuesto a jugar, la magia no desaparecerá.

junio 17, 2010

Robin Hood

Aventuras. Picardía. Coqueteo. Esas son las palabras que vienen a mi mente cuando pienso en Robin Hood. Espadachines luchando por los más débiles, cantando en las tabernas, enamorando con palabras, con gestos y con grandes hazañas.

Nada más lejos de tal descripción se encuentra esta nueva versión de la historia dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Russell Crowe. En ella, vamos al origen del mito.

Robing Longstride es uno de los mejores arqueros del ejército del Rey Ricardo Corazón de León. También es un don nadie. Terminadas las Cruzadas y de regreso a Inglaterra, el Rey es emboscado y asesinado junto con su guardia real. Robin promete a uno de los caballeros, Robert Loxly entregar su espada a su padre Walter. En Inglaterra el nefasto Príncipe John es coronado Rey y con él se inicia una terrible represión al pueblo, acompañada de mayores impuestos y miseria. Así llega Robin a Nottingham, donde se encuentra con la viuda de Loxly, Lady Marion (Cate Blanchett) y su yerno Sir Walter (soberbio Max Von Sydow). La nación se precipita hacia una guerra civil, con la amenaza latente de una invasión francesa, mientras Robin lideriza una rebelión contra el Rey John y los franceses.

Y eso, en un párrafo, es la historia. El guión, por su parte, esta minado de cientos más de detalles y elementos que hacen de esta película una maraña  épica con sabor a Corazón Valiente, Gladiador, Cruzada, Rey Arturo y hasta rescatando al Soldado Ryan. Las escenas de acción son dirigidas con toda la pericia y habilidad que caracteriza a Scott. La cinta es violenta, cruenta, llena de comentarios políticos y crítica social. Todo eso está muy bien, pero el tema, personalmente, lo encuentro agotado y mejor expuesto en otras historias.

Lo mejor de la película es su elaborado diseño de producción y su fotografía sobresaliente. En el tema de actuación, cada quien cumple con su rol, pero salvo el de Max Von Sydow, no hay ningún personaje con un verdadero impacto emocional.

Se acabó el Robin rebelde que correteaba al Sheriff de Nottingham por los bosques de Sherwood; el que roba a los ricos para dar a los pobres. El que trata de robarle un beso a Lady Marion. Ese hombre no existe. Esa historia no se cuenta aquí. Y por eso, yo me quedo con mi DVD de Disney.

junio 11, 2010

A Serious Man - Un Hombre Serio

Un hombre serio está a punto de recibir la lección de su vida. Su nombre es Larry Gopnik (Michael Stuhlbarg).

Larry es un judío tradicional de mediana edad, casado, con dos hijos, profesor universitario y su estilo de vida no podría ser más convencional. Hasta que como una avalancha varios acontecimientos atentarán con descomponer su insignificante existencia.

Uno de sus estudiantes lo chantajea para aprobar los exámenes, su solicitud para ser profesor titular se ve en peligro por una serie de cartas amenazadoras, su problemático hermano se ha mudado a casa, su hija le roba dinero, su hijo menor es perseguido por el bravucón del vecindario y para poner la guinda en la torta, su esposa quiere el divorcio.

Acorralado, Larry explora soluciones, busca respuestas, busca consejos; ¡el pobre busca hasta distracciones! Pero no obtiene ni consuelo ni desahogo. Ni siquiera cuando se apoya en su religión, los rabinos que lo atienden sólo siembran más dudas y confusión.

El caos y la incertidumbre juegan un rol predominante en esta cinta de Joel y Ethan Coen: Mientras un desesperado Larry se pasea por los escenarios más disparatados y surrealistas, los Coen hilan una reflexión sobre la importancia de tener la perspectiva suficiente para entender la presencia e influencia del caos en nuestra existencia y por ende, en nuestra felicidad. No se trata de dictar cátedra sobre las respuestas de la vida, de explicar por qué las cosas malas le suceden a personas buenas, es simplemente un ejemplo sobre los altos y bajos de la vida de un sujeto ordinario.

La fotografía impecable de Roger Deakins nos sumerge en el suburbio sesentoso que los Coen seleccionaron como hogar de Larry, quizás un discreto homenaje al mismo tipo de vecindario que los vio crecer. Con el humor negro característico de estos hermanos, una sombria sensación de condena nos embarga mientras vemos a Larry sortear obstáculos uno tras otro, pero en el último minuto hasta la madre naturaleza parece recordarnos que sin importar cuán trágicas parezcan, las cosas siempre pueden empeorar.