Cartas a Julieta - Letters to Juliet


En la onda del cine romanticón y light que a veces no cae mal, fui a ver Cartas a Julieta. Con sólo ver los primeros minutos, comprendí que estaba en presencia de esas películas donde uno sabe lo que va a suceder, donde los personajes son arquetipos diseñados para provocarte respuestas emocionales específicas, donde la música y la fotografía son elementos clave para conectarte con una historia que aunque hemos visto cientos de veces, te reconforta como si fuera la primera vez que la ves. Una fórmula comercial tradicional sin ningún valor más allá del entretenimiento masivo.

La película se centra en Sophie (Amanda Seyfried), una aspirante a escritora sin valor suficiente para pedirle a su jefe que la deje escribir en la revista y en la semana previa a su boda, decide visitar Verona con su prometido Víctor (Gael García Bernal), un chef cuyo primer amor es la cocina y su restaurant. Abandonada en la romántica ciudad italiana, Sophie visita la casa de la supuesta Julieta de Shakespeare, un lugar donde cientos de mujeres dejan a diario cartas a la heroína romántica solicitándole su consejo.

Sophie descubre una misiva que tiene 50 años esperando por la respuesta de Julieta. Su remitente es Claire, una británica enamorada de un italiano llamado Lorenzo al que abandonó sin ninguna explicación. Sophie decide responderle y la sorpresa es grande cuando Claire (Vanessa Redgrave) y su nieto Charlie (Christopher Egan) llegan a Verona en busca de ese amor que se perdió en el tiempo.

A partir de ahí se inicia un recorrido por los idílicos parajes de Toscana, mientras Claire busca a su Lorenzo y Sophie evalúa su propia situación amorosa. Situaciones graciosas  abundan, y una vez más somos testigos que cuando se trata de romance, los italianos  llevan la batuta. Sorpresivamente, el encanto de la película proviene más de la resolución del romance de Claire y Lorenzo (Franco Nero) que de la historia de Sophie. ¿Por qué? Sin duda por Vanessa Redgrave, una señora actriz que hasta en el papel más simplón te engancha, te conmueve y te desmorona. Una mirada suya transmite más emoción que todos los pestañeos de nuestra joven protagonista. Quisiera algún día Amanda Seyfried tener un cuarto del talento de esta legendaria actriz.

Comentarios

BlancaBlanco dijo…
Creo que aparte de la "hermosura visual de la película" (los paisajes, los actores, etc.) me gustó el balance entre los "personajes adultos" y los "jóvenes". Franco y Vannesa son "maestros" y supieron como llevar las riendas de una película, que de otro modo hubiese sido cursilísima.